18 jun. 2008

ATARDECER
Bienvenidos.

Es agradable asomarse a la terraza para ver reflejarse el sol sobre los tejados de ciudad.O caminar por el barrio observando las vías tranquilas, apenas sin circulación.


Salir del metro tras el corto trayecto y recorrer las largas avenidas











sin otro motivo que caminar, sin prisa por llegar a ver cómo el sol comienza a esconderse.

No recuerdo en este momento quién dijo la famosa cita de una imagen vale más que mil palabras, pero tras varios años de asistir a clase y estudiar en la Facultad de Ciencias de la Información, ver miles de películas, videoclips, piezas de videoarte, series y programas de televisión, además de visitar exposiciones de pintura y fotografía, puedo asegurar que no se me ocurre ninguna frase mejor para ilustrar esta página hoy mismo.
Empiezo a colgar hoy algunas imágenes que resumen en pocos trazos lo que he visto (y en ocasiones he sentido) durante estos dos últimos años; aunque por respeto a la fotografía clásica prefiero llamarlas fotillos debido a su poca calidad y nitidez confusa. Han sido registradas con un teléfono móvil que no da para más y muestran lugares y objetos en los cuales no hay retratos, y apenas alguna figura humana. La razón es porque la mayoría de fotos que tengo son de gente que me importa y no me gusta hacerlas públicas sin el debido derecho o cautela por difundir su imagen. Quizás tenían razón las tribus antiguas con su superstición de que la cámara roba parte del alma de la persona a la que retrata.
Estas son estampas de la capital en lugares con bullicio habitual: el Paseo de la Castellana a su paso por Nuevos Ministerios; los tejados del Madrid antiguo desde la Latina hasta Princesa y la Gran Vía en el horizonte; una salida de metro en la zona nueva del barrio de San Blas; una avenida de un barrio nuevo cualquier sábado por la tarde; y la zona de Cascorro al atardecer cerca de donde se concentran los días festivos los puestos del Rastro madrileño.
Las instantáneas están tomadas en días con menor tránsito de vehículos y personas. También desde un punto de vista más cercano al horizonte que a la calle. Y la mayoría a esa hora mágica del día en que el sol se esconde para dar paso a la noche.
Sin embargo qué bonito es mirar de vez en cuando el sosiego en un entorno como el de Madrid, tan poco favorable a ello.