21 oct. 2011

DON DE GENTES

Simón llegó serio y cansado a la puerta de la casa. Sacó fuerzas de donde pudo, estirando los músculos faciales hasta que su sonrisa no pareció forzada. Pulsó el timbre y extrajo un folleto lleno de colorines de la carpeta.

- ¿Quiere conocer la verdad?, dijo animoso al abrirse la puerta lentamente.

La mujer contestó sin prisa, sin aspecto ni edad definidas.

- Ya la conozco. Pero… pase, por favor.

Simón entró en la casa, sigiloso y cabizbajo.