26 mar. 2013

EL POSTRE

Ilustración de Mercedes Daza

El joven se despertó con la camiseta empapada. No era por el sudor, sino por la humedad intensa del ambiente. Se incorporó y al levantarse resbaló sobre el suelo. Posó las manos sintiendo la inestabilidad de la superficie rugosa y llena de charcos. Aquel lugar parecía más orgánico que artificial.

¿Y ese hedor? El ambiente estaba cargado de un fuerte olor que no sabía identificar. La oscuridad tampoco le ayudaba a concretar el aspecto de aquella caverna. No conseguía recordar dónde había terminado horas antes de dormirse.

Buscó el mechero en su bolsillo, lo extrajo y prendió una leve llama que iluminaba las paredes irregulares de color burdeos. Súbitamente la estancia se abrió al frente igual que una ventana para dejar paso a la luz, perfilando unas piedras puntiagudas clavadas al piso, iguales que el marfil, aunque sucias. El suelo comenzó a temblar y se plegó formando una ola que le empujó hasta el fondo, seguido por chorros de un líquido denso, como la saliva. Perdió el equilibrio y cayó por un pozo en el que aumentaba el calor y la peste. Desmayado, se hundió en el foso.

Entonces el dinosaurio cerró la boca y siguió soñando.
Pablo Vázquez Pérez

El mes de enero el homenaje literario de Esta Noche Te Cuento fue
para Augusto Monterroso ese dinosaurio que nos despierta tantos relatos.
Lo traigo aquí y lo enlazo también en su lugar de publicación.