24 oct. 2011

COMO CADA LUNES

Movió los párpados. Le dolía todo el cuerpo. La luz brillaba al final del túnel. A sus ojos se aproximaban imágenes de su mujer, hijos; de sus padres y hermanos. Miró hacia atrás y se vio sujeto con el cinturón de seguridad. Lo observó por el reflejo del retrovisor. La sirena de la ambulancia se aproximaba por el pasadizo oscuro, entre los coches detenidos. El salpicadero, lleno de fotos de la familia, colgaba a dos centímetros de su cara.

Si se puede añadir, este es un microrrelato del que estoy bien contento, incluso yo.
Lo colgaron en esta web.