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9 jul 2013

DEMOCRACIAS INTERVENIDAS POR TÍTERES SIN CABEZA

Llevaba mucho tiempo sin hacer una reseña acerca de un libro por aquí, aunque... ahora que lo pienso, las reseñas y críticas las hago en el blog Quadernillos. Sí, tengo otro blog sobre literatura y está abandonado el pobre, así que lo reactivaré un poco con algunos libros leídos recientemente.
Pero sin más retraso reseñemos Democracias intervenidas  por títeres sin cabeza, una novela criminal escrita por veintiocho manos y un solo autor: Oscar Enrico Trevere Tertuesa, novelista desconocido hasta este año, el 2013, aunque contemporáneo de indignados y catalizadores de conciencias como el fallecido Stepháne Hessel. Este libro, recién publicado por Ediciones Irreverentes, es un cadáver exquisito, disfrazado de novela negra, cruzada con la de espías y algo de política ficción, pero todo bien revestido de humor negro.
Si nuestro nivel de escepticismo actual, acerca del poder y los que lo manejan, está a la altura de los medios de comunicación, este es nuestro libro, porque salvando el asesinato de Kennedy y el de Julio César, se habla de casi todas las conspiraciones que podamos recordar ahora mismo.
Si queremos mejorar la situación actual del mundo, en esta novela podemos encontrar varias ideas para conseguirlo.
Si nos parece que el mundo va a seguir siendo una ruina en manos de los que mandan y nos dominan, este libro nos dará más argumentos para confirmarlo.
Democracias intervenidas por títeres sin cabeza puede que no sea un libro destinado a formar parte de ninguna enciclopedia sobre la literatura universal, pero es efectiva como lectura que ayuda a seguir una intriga que se retuerce más en cada capítulo nuevo, manteniendo una espiral de suspense y entretenimiento del bueno.
Yo me la he devorado en varios trayectos de transporte público sin mayor distracción que la de sus páginas, porque su banda sonora ideal es el caos de la ciudad y sus ruidos. Aunque en una biblioteca, sillón o sofá, también podrás escuchar sus gritos.

25 oct 2012

LOS CUENTISTAS

Llevamos inmersos, más de media década, en una revolución tecnológica que propicia la multiplicación de manifestaciones culturales de forma simultánea y cercana. Casi todas las personas que usamos internet podemos escribir, expresarnos y por si fuera poco, difundir lo que creamos o simplemente hacemos, por medio de blogs y páginas web con la seguridad de que tendremos lectores, espectadores o simplemente seguidores, ya sean miles o sólo algunos. Hemos terminado con los fanzines y pasquines impresos pero existe una multitud de voces desperdigadas e interconectadas en el espacio virtual. Leemos, escuchamos y vemos más obras literarias, musicales y visuales que nunca. Tampoco debemos olvidar las redes sociales y los comunicadores instantáneos y directos a base de pocos caracteres.
Este cambio ha motivado variaciones fundamentales en la relación entre los medios de comunicación y nosotros, receptores. Incluso ha variado la forma de relacionarlos entre nosotros mismos, con menos paciencia, de forma más inmediata y breve. Gracias a estas innovaciones cada vez leemos y mostramos más relatos cortos, microrrelatos y nanorrelatos o “twitteos” para entendernos. El auge de la imaginación en pequeñas dosis es inagotable.
Pero tenemos que observar a los verdaderos narradores de nuestra época, a esos gobernantes o representantes elegidos en las urnas, a esos grandes embaucadores que no quieren hacer recortes pero deben hacerlos. Y los proponen, los acometen y los admiten también en caso de estar en la oposición. Que prometen lo que sabemos que no cumplirán. Que se defienden entre ellos ya sea criticándose o colaborando en sus objetivos como clase política y corporativa que son.
Ellos son los auténticos cuentistas que, afortunadamente, no tienen tiempo -o no quieren- escribir sus propios microrrelatos aunque los titulares y noticias -que alimentan con sus declaraciones- suenen a verdaderos cuentos chinos.
Así que mientras podamos, lo mejor será evitar que sean narradores en la red o en cualquier medio impreso. Y no es broma ¿o nadie recuerda los mejores cuentos prologados por Ana Botella Serrano? Los políticos ya intentan engañarnos continuamente, pero nuestra labor debe ser impedir que fabulen.
Podemos asumir que cada cuatro años votemos al candidato menos calvo para que nos pueda tomar el pelo sin demasiada vergüenza. Pero asumir que nos hagan soñar, eso no, por favor.
Pablo Vázquez Pérez

Este mismo mes de Octubre Ediciones Irreverentes acaba de publicar el ensayo de Noam Chomsky con el título de Ilusionistas. Por este motivo, con la supervisión de Santiago García Tirado, hemos publicado varias reflexiones en el Periódico Irreverentes, acerca de la situación actual. Sí, lo de la crisis y lo mal que esta todo, nos cansa mucho ya, después de estos años, pero cambiar este sistema político y social o, quizás, adaptarlo para que podamos estar todos y no sólo los de arriba, requiere tiempo y constancia. Por eso escribimos unas líneas para opinar aunque fuera "lateralmente" de esta actualidad tan turbulenta.

17 jul 2012

LOS RECORTES


El amor comienza con una sonrisa. Continúa con besos y caricias. Y termina con una lágrima…
(Frase hallada en algún powerpoint)



¡Hola Hernán!
Lo primero que quiero hacer es darte mi enhorabuena por tu reciente boda. No te lo echo en cara ya que lo más lógico es no invitar a las ex novias. Ya sé que El acto de escribir una carta en este momento de chats y mails es una rutina que hemos perdido al pasar de un siglo a otro pero la ocasión lo merece.
Como te escribía antes, lo que quiero es que sepas que estoy feliz por ti y sobre todo porque tu mujer es una persona que merece realmente la pena. Por supuesto nada de lo escrito son reproches ya que tengo mi vida, de la cual estoy contenta desde que lo dejamos tú y yo hace ya veinte años. Vivo con Pedro y los niños, bueno los jóvenes ya porque Marta está en primero de bachillerato y su hermano Carlos cursa cuarto de la E.S.O. Si hubiéramos seguido juntos podrían ser tus hijos, pero eso es otra historia.
Como te decía gracias a mi trabajo te he observado durante todo este tiempo, pero no creas que estoy obsesionada contigo. Simplemente, por casualidad, he vivido momentos claves de tu vida. Como en el año noventa y cinco, cuando viniste a la Paz después de hacerte los análisis de sangre. Estabas tan asustado que ni te percataste de la enfermera que le dio los resultados al doctor Fernández ese día en la consulta del hospital. Por suerte no tenías nada y no creo que hayas vuelto por los bares de carretera después del susto.
O la noche del accidente en coche, hace ya cuatro años. Tenías tal shock tras la muerte de tu acompañante que ni siquiera me reconociste al ayudar a subir a mis compañeros a la ambulancia, la camilla en la que perdías el conocimiento.
Sé que éramos muy jóvenes cuando rompimos y que no habré viajado ni vivido tanto como tú, pero es curioso que, desde tu olvido, ahora frecuentemos los mismos cafés en ocasiones. O que vayamos a ver idénticas películas con nuestras parejas. Yo siempre te esquivo bien, sentándome en otras filas; separándome a un reservado de la cafetería. O bien quedándome detrás de los amigos y familiares que te lanzaban arroz al salir de la Iglesia al terminar la ceremonia.
No soy tu sombra pero está claro que tu mujer tiene gustos parecidos a los míos, así que, por favor, no metas la pata esta vez.
Con cariño.
Raquel




Estimada Raquel
Debo pedirte disculpas por haber tardado tanto tiempo en contestar a tu carta. Por tanto, espero que las aceptes tras estos cinco meses sin responder. En mi descargo te comento que tu misiva me dejó perplejo. Contento al menos por tener noticias sobre ti, pero -repito- perplejo y afectado.
Trataré de aclarar un par de hechos de los que mencionabas en tu escrito. El primero es mi revisión en la Paz, en hematología. Acudí allí después de cubrir un reportaje sobre tráfico de drogas que grabamos en el parque de Simancas. Por motivo de una reyerta que tuve con un yonqui enajenado que me hizo varios rasguños con una aguja hipodérmica usada. Quise asegurarme si me habría contagiado, aunque por suerte no me sucedió nada, tal como decías.
En cuanto al accidente automovilístico, también fue una macabra casualidad terminar en tu turno de emergencias, aunque no quiero extenderme acerca de esa fatídica noche en la que volvimos tras dos días sin dormir ni parar apenas, siguiendo al alcalde en el cierre de campaña. Lo cierto es que este accidente me forzó a dejar mi trabajo en los informativos y a frecuentar a mi psiquiatra.
De hecho no había vuelto al terapeuta desde que rompimos tú y yo. Ya sé que en tu caso tenías más claro lo de formar una familia y conseguir una vida estable. Pero en mi caso he seguido dando tumbos hasta fechas recientes.
Sobre tu marido e hijos me alegro muchísimo, sinceramente, y espero que sigáis igual o mejor incluso que hasta ahora.
Marina y yo, como bien sabes, no llevamos juntos mucho tiempo, aunque tengo la sensación de conocerla desde siempre. Puede sonar muy cursi pero ella es la sonrisa que veo al despertarme y la primera cuando terminamos nuestros trabajos cada día.
Antes de despedirme, no quiero resultar más sarcástico, pero  te diré que seguramente ya no nos veamos ocasional o fortuitamente, tal como me describías en tu carta. Marina y yo nos hemos ido a vivir fuera de Madrid por motivos laborales y ventajosos para nuestra relación y vida futura. Por esta razón el sobre carece de remitente. No te empeñes en buscar en qué oficina de correos pusieron el matasellos, porque lo envié desde otro lugar.
Agradecido por todos tus consejos y esperando que todo marche estupendamente se despide, atento, eso sobre todo…

Hernán

(Pablo Vázquez)
Este cuento epistolar se publicó el año 2011 en la Microantología del microrrelato III de Ediciones Irreverentes. Se puede encontrar más información en los dos enlaces.
En el libro no aparece la cita (irónica) del inicio. Ni tampoco la segunda acepción de la palabra recorte, según el diccionario de la RAE. 
[2. m. Taurom. Regate para evitar la cogida del toro.]