El sol abrasaba a las doce del
mediodía, sin nubes amenazadoras por el horizonte. El condenado, exhausto tras
varios días, aguantaba amarrado a la columna de piedra. Apenas distinguía
formas o colores, pero pudo escuchar unos pasos saltarines que se acercaban
hacia él.
Como pudo, separó los labios para
degustar un fruto suave y redondo que fue introducido en su boca. Lo masticó y
sintió el jugo que reanimaba súbitamente la lengua y los sentidos. Entonces
logró ver frente a él a un niño que, a su vez, lo miraba compasivo.
El ajusticiado agonizaba. Recordó
su infancia, jugando con sus padres y hermanos en el río. Comiendo cerezas bajo
los alisos y escupiendo con fuerza los huesos, hasta que se hundían formando
remolinos en el agua.
A la sombra de la picota, el hombre murió
sonriendo, con una pepita que asomaba entre sus dientes.
Pablo Vázquez
En esta "gira de concursos veraniegos" de microrrelatos, hoy enlazamos el del
Taller Paréntesis. Al mismo se pueden presentar un mínimo y un máximo de TRES MICRORRELATOS, aunque sólo se premia uno. Es un premio extraño pero cuantioso.
Por si os sirve a alguien este micro es un ejemplo de lo que no se debe enviar ni a este concurso ni al de picotas del Valle del Jerte. Animaos y suerte, de verdad.
EL PLAZO DE PRESENTACIÓN ESTÁ ABIERTO HASTA EL 30 DE SEPTIEMBRE.



