8 jul 2012

TARDE LARGA

...Égica, Witiza y Rodrigo. Ante el pasmo de sus compañeros Pedro había recitado todos los Reyes Godos. En el gimnasio saltó caballo, potro y plinto sin volcarlo; subió la barra fija y la cuerda, las dos a pulso. El dictado sin tachaduras en rojo de la maestra. Los goles que metió en su calle fueron pan comido, arrodillándose ante él hasta los abusones. El regreso a casa por la Gran Vía sin mangantes que lo amenazaran. Al llegar a merendar Pedro fue recibido por doña Emilia, la vecina, que le contó cómo su abuelita había enfermado tanto que su madre había llegado más tarde que los angelitos y se quedaría en el pueblo unos días para despedirla. Al ver a su hermano quinceañero con los ojos enrojecidos y escuchar sollozos en el cuarto de la benjamina, Pedro, a punto de llorar, supo lo difícil que sería mantenerse en la cumbre.

Pablo Vázquez


Microrrelato finalista en el tercer concurso de microrrelatos del Ayuntamiento de Madrid del año 2010: 100 años de la Gran Vía en el enlace podéis leer los ganadores. Y en la página de los finalistas, podéis leer el microrrelato Tarde larga, que es el noveno. 

4 jul 2012

A LA DERIVA

Si el viento amaina yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo. En cuanto alcance con dos brazadas a esa Vírgen Inmaculada con el niño tallado en madera, flotando entre las ropas y los restos de equipajes.
No puedo ver el mástil, ya se hundió del todo.
¡Vaya, alguien agita los brazos entre aquellos toneles! Quizás podamos llegar juntos hasta la costa.

Pablo Vázquez
Publicado en ESTA NOCHE TE CUENTO
el mes de Junio. La premisa para escribir microrrelatos fue "Como el viento".

1 jul 2012

LA ESPERA

Y nada más existió hasta la llegada de la jaula. Estrujó la bolsa de gusanitos, tan vacía como el túnel y la tiró a suelo. El silencio reinaba en la mina desierta. Caminó de un extremo a otro por la gruta, contando las vigas y balizas unas doce veces, quizás trece. Pasada una hora comenzó a escuchar el chirrido metálico de las poleas. Se levantó, acercándose a la caña para subirse a la jaula, tranquilo y decidido. Apagó la linterna del casco. No tenía ninguna prisa.
 Pablo Vázquez


 Con motivo de las marchas mineras que llegarán a Madrid el 11 de Julio y apoyando el blog Microrrelatos Negro Carbón, publico aquí mismo mi aportación a estas peticiones.
Publicado en este enlace: La espera pero hay muchos micros más y todos interesantes. 

28 jun 2012

LAS RACIONES

«Muerto pero mío y fresco», pensó al ver abatido el estornino a sus pies Miguel, pasmado por el frío y la humedad, después de arrastrarse por setos, charcas o sendas entre cultivos, bosques y prados, tan exhausto como hambriento tras dos largas jornadas de huida.

Los cazadores se alejaban con los perros olfateando piezas mayores. Aunque habría preferido un faisán, el evadido apresó al ave olvidada, porque más valía ese pájaro en mano o en su boca. Hasta que un perdiguero rezagado y amenazador se asomó, babeando entre los juncos.

Miguel, siempre optimista, supuso que habría bastante comida para los dos.

Pablo Vázquez


Microrrelato publicado en el libro 200 Microrrelatos de Terror ArtGerust. Homenaje a Edgar Allan Poe de la web Artgerust 
Datos de contacto y venta, en los enlaces.

22 jun 2012

ESPERANZAS

Hace unos días, al salir a comprar cerca de las dos de la tarde, me crucé con cuatro adolescentes, dos chicas y dos chicos. Probablemente regresaban de su instituto porque iban vestidos de uniforme, llevaban mochilas y utensilios escolares. El joven más alto del grupo cogió una piedra que había sobre el césped de un jardín de la calle y se la lanzó a un gato. El pedrusco pasó cerca del cachorro, que parecía dormitar sobre la hierba, pero por fortuna no le impactó.
Entonces paré, me di la vuelta y le dije al chico:

- ¿Qué haces tirándole una piedra al gato?

El quinceañero se volvió a su vez; mirándome serio respondió:

- Pues si el gato fuera tuyo, entendería que me lo dijeras.
- Y si te tirasen a ti la piedra ¿qué pasaría?

El adolescente seguía inmutable, dispuesto a continuar el trayecto junto a sus compañeros.
 
- Yo sabría defenderme, no como él.

Entonces, mientras reanudaban su camino los cuatro jóvenes, añadí:

- Pues tú mismo has dado con la respuesta.

Yo  me alejé en sentido contrario también.

Las razones para recordar este encuentro son que, aunque a regañadientes, tanto el chico como yo dialogamos. Es un buen síntoma a pesar del motivo de la conversación.
También me dio esperanza que ninguno de los dos nos faltásemos al respeto, nos escuchásemos y no llegáramos  a insultarnos.
Además, lo que más me tranquilizó es que el chico tenía mala puntería.

Pablo Vázquez

PD: Mi madre está empeñada en que todo lo que escribo es autobiográfico
Lo cierto es que llevaría razón en este caso.